Tú nunca me regalarías flores; no eres tampoco del tipo de
chicos que se sienta y te escucha, al que le puedes contar tus mayores
miedos, todo lo que llevas dentro, te aburrías si te escribía mensajes
largos, o algo cursis; pocas veces me dijiste “te quiero”, y no es lo
mismo decirlo que sustituírlo por un “y yo”. Supongo que me enamoré de
lo que yo pensaba que eras, y no de la realidad, y ahí estaba el mayor
de los problemas.
