Dicen que el tiempo y el olvido son como hermanos gemelos , que lo que hoy echas de más un día lo echastes de menos.
Pero te idealicé, esa es la verdad. Pensaba que tú eras la medicina que
curabas, y solo causabas la enfermedad, creí que habías llegado a mí
como un bote salvavidas, o algo por el estilo, que me ibas a dar tu amor
y el que no me habían dado hasta entonces por unas razones u otras;
años después me confiesas que nunca supiste hacerlo. Te idealicé,
enmascaré todas tus imperfecciones intentando justificarte,
autoengañándome, pensando que eras todo lo que quería y necesitaba:
vivía en mi burbuja, totalmente lejos del presente, viviendo por y para
el futuro, ese que veía tan claro, a tu lado. Para mí eras perfecto, te
quise como a nadie en un intento de que me devolvieses lo mismo, pero yo
no veía que no era así. Ahora que todo está claro, que las cartas están
sobre la mesa, sé que por alguna razón siempre va a haber algo que no
se quiera alejar de ti, por mucho daño que me hayas hecho, algo
irracional, o no, quién sabe, pero va a estar ahí, con ese magnestismo
que dicen que tienen los polos opuestos. Ahora no te reprocho nada, las
cosas ya están hechas, tú tiempo ha terminado. En otro momento me
hubiese gustado que me hubieras buscado, no de la manera que ahora lo
haces, pero sí que lo hicieses, porque eso significaría dejar tu orgullo
de lado, y admitir y demostrarme que me quieres; a día de hoy ya no
sirve de nada. Tuviste tus infinitas oportunidades, tuviste tiempo para
arreglar las cosas, cuando aún estaba ciega y te hubiese perdonado
cualquier cosa, cuando todavía te quería. Sana tu herida como puedas,
pero no sigas más por ese camino. Me duele, pero se acabó, esto es y
siempre fue demasiado autodestructivo.