lunes, 21 de enero de 2013

Dicen que el tiempo y el olvido son como hermanos gemelos , que lo que hoy echas de más un día lo echastes de menos. Pero te idealicé, esa es la verdad. Pensaba que tú eras la medicina que curabas, y solo causabas la enfermedad, creí que habías llegado a mí como un bote salvavidas, o algo por el estilo, que me ibas a dar tu amor y el que no me habían dado hasta entonces por unas razones u otras; años después me confiesas que nunca supiste hacerlo. Te idealicé, enmascaré todas tus imperfecciones intentando justificarte, autoengañándome, pensando que eras todo lo que quería y necesitaba: vivía en mi burbuja, totalmente lejos del presente, viviendo por y para el futuro, ese que veía tan claro, a tu lado. Para mí eras perfecto, te quise como a nadie en un intento de que me devolvieses lo mismo, pero yo no veía que no era así. Ahora que todo está claro, que las cartas están sobre la mesa, sé que por alguna razón siempre va a haber algo que no se quiera alejar de ti, por mucho daño que me hayas hecho, algo irracional, o no, quién sabe, pero va a estar ahí, con ese magnestismo que dicen que tienen los polos opuestos. Ahora no te reprocho nada, las cosas ya están hechas, tú tiempo ha terminado. En otro momento me hubiese gustado que me hubieras buscado, no de la manera que ahora lo haces, pero sí que lo hicieses, porque eso significaría dejar tu orgullo de lado, y admitir y demostrarme que me quieres; a día de hoy ya no sirve de nada. Tuviste tus infinitas oportunidades, tuviste tiempo para arreglar las cosas, cuando aún estaba ciega y te hubiese perdonado cualquier cosa, cuando todavía te quería. Sana tu herida como puedas, pero no sigas más por ese camino. Me duele, pero se acabó, esto es y siempre fue demasiado autodestructivo.