martes, 18 de septiembre de 2012

El Principito

"El principito me dijo:
- Yo también, hoy vuelvo a mi casa… Es mucho más lejos… Es mucho más difícil…

Sentí que estaba ocurriendo algo extraordinario. Lo estreché en mis brazos como a un niño, y, sin embargo, me pareció que se escurría verticalmente hacia un abismo sin que pudiera hacer nada por retenerlo… Tenía la mirada seria, perdida muy lejos… Había tenido miedo, sin duda. Pero rió suavemente.

De nuevo me sentí helado por la sensación de lo irreparable. Y comprendí que no soportaría la idea de no oír nunca más su risa. Era para mí, como una fuente en el desierto.

Yo le dije:

- Hombrecito… Quiero oírte reír otra vez.
Pero me dijo:
- No se ve lo que es importante… Es como una flor. Si amas una flor que se encuentra en una estrella, es agradable mirar al cielo por la noche. Todas las estrellas están florecidas… Por la noche mirarás las estrellas. No te puedo mostrar dónde se encuentra la mía… Será mejor así. Mi estrella será para ti una de las estrellas. Entonces te agradará mirar todas las estrellas… Todas serán tus amigas
Volvió a reír. Y le dije:
- ¡Ah, hombrecito… hombrecito…! ¡Me gusta oír tu risa!
Él contestó:
- Precisamente, será mi regalo… Cuando mires al cielo, por la noche, como yo habitaré en una de las estrellas, como yo reiré en una de ellas, será para ti como si rieran todas las estrellas… Y cuando te hayas consolado, estarás contento de haberme conocido. Serás siempre mi amigo. Tendrás deseos de reír conmigo. Y abrirás a veces tu ventana, así… por placer… Y tus amigos se asombrarán al verte reír mirando al cielo.
- Parecerá que me he muerto, y no será verdad… ¿Comprendes? Es demasiado lejos. No puedo llevar mi cuerpo allí. Es demasiado pesado… Pero será como una vieja corteza abandonada. No son tristes las cortezas.
- Será divertido. Tendrás millones de estrellas que te harán reír, recordándome."